Tras meses huyendo de las lecturas románticas mi primavera acabó con dos libros interesantes que ahondan en las relaciones humanas desde la perspectiva más melancólica, complementándose entre sí. El primero, Llámame por tu nombre, como comenté en un vídeo, nos traslada a una entrañable casa italiana donde Oliver y Elio viven un amor pasional y prohibido, compartiendo la certeza de que todo acabará en algún momento. Posteriormente leí Solanin, un manga de Inio Asano que nos muestra la cara más amarga del paso a la edad adulta. Los dos protagonistas tienen más de veinte años, viven juntos y comienzan a darse cuenta de que la vida iba en serio, de que las decisiones que tomen serán una piedra fundamental para su futuro. De las expectativas, pasamos a la realidad. De las ilusiones, a la rutina. Alianza Editorial me envió un ejemplar de Mi marido es de otra especie, de Yukiko Motoya, que ahonda justamente en la fase siguiente, en ese lugar de desencanto que quizá solo logren habitar quienes no son de esta especie. 

Michael Rougier (1964)


Mi marido es de otra especie
Yukiko Motoya
Alianza Editorial
152 páginas


Su marido es de otra especie
El libro Mi marido es de otra especie narra la vida de San, una mujer japonesa que tras observar detenidamente sus fotografías percibe que su rostro y el de su marido cada vez se parecen más. "No era una similitud que me permitiera señalar facciones concretas y explicar en qué consistía la semejanza, pero, cuanto más miraba las fotos, tanto más aumentaba mi aprensión. Era como si el aspecto de cada uno se fuese aproximando gradualmente al del otro" (Pag 9). Podemos intuir que el libro se convierte desde el principio en una sucesión de elementos metafóricos y mágicos, pero también en un relato largo cargado de realismo. No he tenido demasiado contacto con escritores japoneses, pero las historias de Motoya tan solo confirman lo que ya empecé a notar tras los breves acercamientos a Murakami: existe una manera de representar la existencia humana con sencillez, sensibilidad, surrealismo y magia que tan solo he encontrado con escritores asiáticos.

Nos presentan entonces al marido, el individuo que complementa la unión amorosa, un hombre completamente mimetizado con el entorno y atrapado en la rutina. En su vida tan solo existen los programas de variedades de la televisión y su preciado sofá, sin conocer nada más allá. Encontramos una desafección absoluta por las relaciones sociales, la lectura, la diversión o incluso por salir de casa. Aunque esta representación pueda parecer exagerada, también debemos tener en cuenta que los hechos tan solo se cuentan desde la perspectiva de San, una mujer que poco a poco ha acabado aborreciéndolo. Su marido se convierte entonces en la plasmación total de la monotonía, en un hombre que tras salir del trabajo decide no pensar en nada. ¿Es justamente esta condición, esta falta de ilusión por la vida, la que hace pensar a su mujer que tal vez no sea un ser humano?

Yukiko Motoya
Un hombre que carece de todas las cualidades comúnmente asignadas a los humanos podría entonces no considerarse como tal, pues es en ese vacío interior donde San encuentra su falta de vida humana.
Su marido llega, deja la ropa, se sienta, cena y pone la televisión. Así durante días, sin hacer nada más. Se podría decir que es la representación más fiel al concepto de monotonía y rutina en una alienación hacia sus obligaciones casi absoluta. Todo hasta el último punto se convierte entonces en una crítica hacia la convención del matrimonio.

Una de las diferencias del humano con, por ejemplo, una máquina, es justamente el cambio que se produce en sus reacciones, el tiempo que tarda entre una cosa y otra, y en general, la variación de actividades. Las máquinas pueden hacer la misma rutina con el mismo tiempo exacto todos los días, pero el humano es más variable. La monotonía en el libro también implica una detención del tiempo en un bucle temporal constante, sin pasado ni futuro, en el que uno se ve incluso atrapado. Es así como Motoya parece describir la relación matrimonial. El marido ocupa cierto lugar del espacio, pero no tiene un sentido para vivir, un paso del tiempo ni un cambio en su estado. El marido de San tiene presencia, pero ella comienza a considerar que quizás carece de existencia. El objetivo de llegar al matrimonio dentro de las convenciones sociales también indica este punto final, como si a partir de este objetivo todo se paralizase, y la monotonía fuera la norma que gobierna el día a día según la autora.

Lo complejo de la individualidad 
Uno de los temas que mejor aborda este libro tiene que ver con la individualidad. Los seres humanos somos individuos, pero no individuales, y nuestro carácter se conforma en relación con otros de forma inevitable. Ahora bien, Mi marido es de otra especie lleva este concepto al límite, donde nuestra relación con otros acaba en una pérdida de identidad. Nosotros actuamos en base a lo que aprendemos de la sociedad, de nuestros padres y de la gente con la que convivimos, adoptando necesariamente sus formas de vida y comportamiento. Una vez asimilados, comenzamos a formar el "yo individual", aquel que se desmarca. Parece ser que dentro de lo aprendido conformamos un nuevo ser con ideas y formas de actuar más o menos propias. El concepto de la individualidad es al que quiere llegar Motoya con estos relatos, en la imposibilidad de ser individual cuando se convive con otro, convirtiéndose en la reflexión más interesante.

Para ello, utiliza un realismo mágico muy sutil que se integra perfectamente con las historias. San se da cuenta de que poco a poco sufre una metamorfosis y se va convirtiendo en lo que más le asusta: su marido. El libro nos llevará por los caminos más angustiantes en esta transición, y nos veremos obligados a analizar la dependencia emocional, la convención del matrimonio, la pérdida de identidad y las relaciones románticas a través de las historias de Motoya. "Por la mañana, cuando me miré al espejo, parecía como si mi cara hubiera empezado a olvidarse de mí. Seguramente, aquel día mis facciones relajaban su vigilancia. Al verme reflejada en el espejo, se apresuraron a reunirse y trataron de colocarse en su posición habitual, pero no la recordaban con exactitud, y al final, quedaron un poco desdibujadas" (pag 73). De esta frase podemos extraer dos puertas de interpretación principales que abre la autora. En primer lugar aborda la mimetización con el otro y, por otra parte, la pérdida de identidad o de uno mismo,  de esas características desdibujadas que no saben encontrarse.

Michael Rougier: Youth in Japan (1964)


Para ir un poco más allá, vamos a hablar de lo que Motoya critica a lo largo del libro, y no es nada más que la idea de amor romántico ligada a la convención del matrimonio. Vamos a fijarnos en ese primer concepto que he mencionado, en la mimetización, ya que los relatos exageran hasta lo imposible lo que encontramos en la vida cotidiana, y para ello utilizaré las obras que he mencionado al principio. Esta autora japonesa pone el foco en la idea de amor romántico que ha venido desde siempre ligada a la convención del matrimonio, y en cómo la representación del ideal amoroso ha perjudicado las relaciones actuales. El primer concepto, aquel que alude a una "mimetización" se hace evidente si hablamos de la mayoría de obras románticas. En Llámame por tu nombre, libro mencionado anteriormente, Aciman nos muestra el principio del fin. Recrea ese estado de admiración total por otro individuo, de la idealización que conlleva necesariamente una desilusión. Elio acaba perdiendo el sentido por Oliver, y a partir de su aparición todo el libro que supuestamente debería narrar la existencia de Elio comienza a narrar la del otro. Sus intentos de entenderlo, de describirlo, de saber qué hace y dicha necesidad de plasmarlo acaban por dejar en segundo plano al propio protagonista.

Esta mimetización comienza se presenta de la mano de pequeños detalles, como el colgante de Oliver. La familia de Elio se caracteriza por ser más reservada en su vida como judíos, mientras que Oliver lleva el colgante de la estrella de David al cuello. A partir de su conversación sobre el tema, Elio decide llevarlo también. En Mi marido es de otra especie nos muestra de una manera surrealista el fin de esta mimetización, donde la protagonista es consciente de lo que ocurre y de su falta de identidad.

"Dime Hakone, ¿ya no piensas casarte con Senta dentro de poco?
(...)
Después de todo no puedes confiar en él, ¿no es cierto?
Oh, no, no se trata de es. Hmm... ¿Por qué será? Ni yo misma lo sé con certeza. Pero diría que ambos queremos conservar un poco más nuestra individualidad" (Pag 45)

Utilizo este libro porque desde su mismo título se refleja aquello que Motoya critica, porque se convierte en una obra muy representativa de este objetivo del amor romántico. En Llámame por tu nombre, tras la resolución de la tensión sexual y una vez comenzada la fase de enamoramiento, los protagonistas expresan su deseo de llamarse por el nombre del otro. El lector acaba ilusionado con el momento, pero lo que se está produciendo es justamente esta unión al otro. Lo que se persigue no es la ausencia de secretos, o la intimidad total, sino casi convertirse en la misma persona. Aciman escribe en su libro una frase de Cumbres Borrascosas ("Yo en lugar de eso pensé en las palabras de Emily Brontë: «Porque él es más yo que yo mismo»") que evidencian lo que Motoya critica. La idea dentro del amor romántico de que ambas personas no existen sin la otra. "De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo"(Cumbres Borrascosas).

El amor romántico como pérdida
Aunque todas estas reflexiones que vienen ligadas al relato me han parecido interesantes, me ha fallado la reflexión posterior, ya que parece que Motoya abre diferentes paréntesis sin acabar de cerrarlos. El final me ha gustado, y es posible que los relatos posteriores, con protagonistas e historias diferentes, ayuden al lector a hacerse una idea de todo el espectro que critica Motoya sobre las relaciones, pero no sabemos qué puede hacer Sanchan para solucionar su problema. En las primeras páginas del libro y volviendo a ese realismo mágico le sugieren que para frenar los efectos que le produce su marido ponga una piedra "mágica" entre ella y él. Esta piedra acabaría pareciéndose a él en lugar de San.

La piedra podría significar un bloqueo entre ambos, una pared que simbolice la pérdida de complicidad absoluta o necesidad, es decir, que en la relación exista un espacio individual muy marcado para cada uno de los dos. Lo que parecería más evidente es que San utilizase en las primeras páginas dicha piedra, pero entonces no tendríamos libro, ni tampoco problema. San se niega a poner esa "piedra metafórica" entre ella y su marido porque quiere mantener su individualidad, pero tampoco quiere perder la unión y conexión, pues no quiere dejar de ser él. Como veremos, el concepto abstracto se transforma en hechos cotidianos, y la contradicción de las relaciones, entre la soledad y la necesidad del otro, se condensa en ese preciso instante. La idea dentro del amor romántico de que esa persona "lo conozca todo de ti" y "te complete" será imposible mientras exista una división, una parte reservada inmodificable o espacio propio independiente e incluso desconocido por el otro, conceptos muy ligados a la formación de personalidad e individualidad que defiende Motoya. Según el libro el objetivo de las relaciones no debería ser capturar la esencia y convertise en otro, sino aferrarnos a nuestra propia individualidad.

"Ser independiente es cosa de una pequeña minoría, es el privilegio de los fuertes"- Nietzsche.

Una crítica a la unión simbiótica
Todos estos razonamientos ya pasaron en su día por la mente de otros autores. El filósofo Erich Fromm da respuesta al problema que nos plantea Motoya en su libro "El arte de amar". Para él, el amor es una respuesta al problema de la existencia, pero argumenta que con este pueden surgir diferentes desviaciones. Defiende que existen dos tipos de relación, una surgida de la unión simbiótica y otra del amor maduro. Mi marido es de otra especie muestra el desarrollo y decadencia de una unión simbiótica en la que ambos intentan ser uno mismo. Para Fromm esta es una forma inmadura de amar, mientras que en el amor maduro "se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos". Es decir, el objetivo es preservar la propia integridad aún en unión con los demás.

"Oye, Sanchan, ¿conoces el cuento de la bola de serpientes? ¿No? ¿Dónde lo habré leído? Tal vez alguien me lo contó hace mucho tiempo. Dos serpientes están juntas y cada una empieza a comerse a la otra por la cola. Van devorándose con rapidez y en la misma proporción, hasta que solo quedan las dos cabezas, que parecen una bola. ¿Comprendes? Tal vez la imagen mental que tengo del matrimonio sea algo así. A lo mejor, cuando nos demos cuenta, tanto yo como mi pareja habremos desaparecido (...)"

Yutaka Takanashi (1965)

Para él, parte del problema reside en el sentido de mercantilización con el que entendemos los intercambios, pues preconcebimos que aportar a alguien, darle parte de nuestra esencia, significa también perder o dejar de tener. Esta disyuntiva que no soluciona Motoya sí tiene una conclusión precisa en el diálogo del padre de Elio en Llámame por tu nombre: "En tu situación, si hay sufrimiento, domínalo, y si queda alguna llama, no la apagues, no seas cruel (...) Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo más rápido posible que a la edad de treinta ya estamos en bancarrota y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien". Motoya defiende que aquello que vamos dando es aquello de lo que nos desprendemos, mientras nos desdibujamos, en una clara ejemplificación del amor inmaduro o unión simbiótica de Fromm.

Animales y otras premoniciones
Una de las características reseñables de Mi marido es de otra especie se encuentra en la utilización selectiva de los animales como premonición, normalmente ligada a eventos negativos. A medida que seguimos con la lectura nos damos cuenta de que este relato tan solo es uno de los cuatro que conforman la historia, todos con una relación entre sí. Esta edición incluye Mi marido es de otra especie, Los perros, El baumkuchen de Tomoko y Un marido de paja. En el primero, Motoya nos presenta al gato de su amiga, como símbolo de la degradación que está viviendo la pareja. Shansho tiene incontinencia urinaria, y esto poco a poco ha acabado mermando la relación y la vida familiar de su amiga, ya que toda su casa desprende este horroroso olor a sucio. La combinación de estas descripciones olfativas al mismo tiempo que se deteriora y enrarece la relación del matrimonio de San nos introduce en un clima hostil del que querremos escapar. Para acabar de evidenciar la relación entre ambos problemas, proponen abandonar al gato en la montaña, porque no pueden vivir con él, una medida totalmente opuesta a la que toma Sanchan con su marido. Al mismo tiempo en la página siguiente San comienza a relatar su viaje de novios, donde su marido se sintió vivo en las montañas del Machu Picchu, dando a entender que lo mejor que podría hacer sería "abandonarlo".

En Los perros vuelven a aparecer los animales, en este caso con varios perros blancos en medio de la montaña, relacionados con la soledad de la protagonista. "¿Estás bien? preguntó mi amigo. ¿No estás cansada de la soledad? No le respondí, y le pregunté a su vez si él no estaba cansado de la vida social. Su respuesta fue afirmativa". Al contrario que los gatos, presentados en todas las historias con un halo misterioso y maquiavelico, los perros guardan un aura paciente y fuerte en la historia de Motoya. Los perros ha sido una de mis favoritas y se encuentra estrechamente ligada con el primer relato. Mientras que en uno se expresan los peligros de la "unión simbiótica" con otra persona, en la que se llega a perder el propio ser, con Los perros gira completamente su crítica, y nos ofrece la cara más triste de la soledad, una historia en la que también se corre el riesgo de perderse a sí misma en la búsqueda de total individualidad.

Conclusión
El libro de Motoya nos ofrece un campo para la reflexión, muy rico y amplio para la metáfora e interpretación como hemos visto. Aún podríamos ahondar más en estos relatos, que muestran algunas de las caras menos deseables de las relaciones interpersonales. Aún así, como he comentado anteriormente, abre unos paréntesis que no logra cerrar, quizás con el objetivo de que lo haga el propio lector. También cabe decir que es una lectura surrealista que acaba en la introspección personal, en cómo nos relacionamos y con qué consecuencias. Debo matizar dos cuestiones que podrían haber mejorado pero que, al igual que otras, han quedado en el aire. En primer lugar, se observa una crítica constante hacia la forma de vida occidentalizada y moderna, y cómo esta influye en nuestras relaciones sociales.

Se critica el cambio de mentalidad respecto al consumo, defendiendo los comercios de proximidad en lugar de los grandes almacenes, dando a entender que el contacto humano y la lógica de venta se pierden en ellos. Podría ser un planteamiento interesante si lo hubiese matizado, pero tan solo aparece algunas veces de forma esporádica, como si quisiera dejar clara una postura que tampoco tiene tanto que ver con el relato. Por otra parte, en la misma línea, se crítica la adicción a las nuevas tecnologías, y cómo estas van dañando poco a poco nuestras relaciones. En cierta parte de la historia, el marido de San está enganchado a unos videojuegos virtuales, que acaban por mermar del todo el matrimonio. Esta crítica la hace de manera más directa, y aunque sí tiene bastante relación con el contexto, tampoco acaba de darle las pinceladas suficientes como para justificar la aparición de esta crítica, también como si no supiese dónde o cómo escribirlo.

En general, se trata de un conjunto de relatos que tienen gran cohesión entre sí, muy pensados y con una gran utilización de metáforas, de los que podemos extraer enseñanzas y reflexiones para la vida diaria. Con un toque japonés interesante, una presencia de la naturaleza tanto humana como simbólica muy importante y un surrealismo que podría ser innecesario, pero acaba encajando perfectamente con el desencanto de las narraciones.

Michael Rougier (1964)




Vuelvo a aparecer por el blog después de varias semanas, pero el tiempo avanza más rápido de lo que una querría. Al menos vengo a hablar de un autor que muchos conoceréis pero al que aún no me había acercado. Las ganas pueden más que la incertidumbre así que sin pensarlo mucho comencé con El extranjero, una de sus obras más conocidas.


El extranjero
Albert Camus
122 páginas
Año de publicación: 1942

El comienzo del ser inhumano
Tengo la sensación de que muchas de las pinceladas que daré sobre este libro serán inútiles, porque ya se ha discutido y se seguirá discutiendo el significado de la obra y su importancia en el paisaje del siglo XX, pero cuando lo acabé sentí desconcierto y ganas de releerlo, cosa que seguramente haga. Creo que cualquiera que se acerque al libro irá pasando por sus páginas y descubriendo al protagonista, pero al mismo tiempo, entenderá que no se pueden acabar de unir todos los puntos de una vez. Entre descripciones y paisajes uno se hace a la idea del camino por el que nos quiere llevar el autor: "La tarde, en esta región, debía ser como una tregua melancólica. Hoy, el sol desbordante estremecía el paisaje y lo hacía inhumano y deprimente". Aunque muchos autores no dan importancia a la primera frase con la que comienza su libro, porque es un detalle más de este, Camus sí lo hizo en El extranjero, y desde la primera mayúscula se esconde la magnitud del mismo. "Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé".

Una descripción del hombre triste 

Hace mucho que debería haberme sentado a escribir sobre este libro, pero tan solo lo llevaba de un lado a otro, esperando el mejor momento para ponerme a ello, pero no llegaba. No es para menos, El lobo estepario es un libro complicado, y como he admitido con algunos otros, me imponía un poco hablar de él.



El lobo estepario
Hermann Hesse
237 páginas
Año de publicación: 1927

Encrucijada de todas las obsesiones e intuiciones de Hermann Hesse (1877-1962) y exponente de su singular talento para el relato, El lobo estepario se inscribe dentro del empeño, patente a lo largo de toda su obra, por iluminar la zona oscura de la condición humana a fin de poner al descubierto su carga trágica y su incierto destino. Ser solitario e incomunicado, extraño y extrañado, Harry Haller, protagonista de esta emblemática novela, ha acabado convirtiéndose en un arquetipo literario en el que se reconocen quienes padecen los efectos deshumanizadores de una sociedad que no conoce la solidaridad y propicia el aislamiento.

El lobo estepario no es un libro cualquiera, sino una obra compleja que como otras analizadas en el blog tan solo pretende plasmar la sencilla esencia del ser humano y todo lo que la compone. No nos encontraremos con una historia trepidante, con mil personajes ni una tensión abrumadora, pero la misma narración nos hace estar pegados desde la primera página. Hesse empieza fuerte, presentando al personaje principal, alrededor del que girará toda la historia. No es un personaje sencillo, y por ello el autor utilizará toda la estructura para tratar de explicárnoslo. No es una historia donde se desarrolle la trama, es una historia de desarrollo de un personaje.

El libro tiene un planteamiento curioso, ya que es una combinación de novela autobiográfica, realismo y fantasía metafórica en muchos casos. El tinte autobiográfico se da en varias partes de la novela, con una descripción cuidada de la mente del personaje, tan solo capaz de realizarse por alguien cuyos pensamientos no están tan alejados. Harry Haller, el protagonista del libro, además de compartir iniciales con el autor, también baraja la idea del suicidio, y ambos vivían en una realidad y momento histórico complejo que no acababan de entender.

Podemos hablar de una estructura ascendente, pues nos presentan a un hombre completamente hundido, que a lo largo de la novela va encontrando poco a poco un objetivo. Se puede dividir en tres partes, obviando algunas divisiones formales o interpretativas de otros análisis. En primer lugar con una presentación del personaje, en concreto como lobo estepario, posteriormente veremos el conflicto que surgirá con la aparición de Armanda para poner todas sus ideas y opiniones sobre sí mismo y su mundo boca arriba y, para terminar, nos conduce a un desenlace algo metafórico y fantasioso en el que no voy a entrar. El lobo estepario es un libro que cada uno debe interpretar a su manera. No voy a contar nada que pueda estropear la lectura, sino que me voy a centrar en describir quién es ese pobre Harry Haller.


Hermann Hesse | El Cultural
El lobo estepario pasa la mitad del libro convenciéndonos de que lo que quiere Harry es alejarse del mundo que le perturba, aislarse en una cueva en medio de la estepa, cuando en muchas descripciones vemos que este aislamiento supone su propio sufrimiento. 
La falta de trato con otras personas no nace de un deseo interno, sino que surge de una inadaptación al medio civilizado al cual lo han esclavizado y de su imposibilidad para conectar y entenderse con una persona por completo.

"La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas.”


Con esta cita podemos observar esta dualidad en el alma de Harry. Por una parte, anhela la tranquilidad que le proporciona su soledad, pero al mismo tiempo la odia. "El hombre es un ser social por naturaleza" diría Aristóteles y en esta ocasión vemos como esta dualidad, la de lobo y humano, supone un conflicto interno. Ninguna de las dos condiciones acaba de satisfacer a nuestro protagonista.

En primer lugar vamos a hablar de lo más importante, ¿por qué El lobo estepario? La primera cuestión, y seguramente una de las más importantes de las que habla el libro, es la dualidad entre el alma de Harry como humano y como lobo estepario. Esto se explica a través de distintas metáforas con el animal, pero se resume en la reducción del alma a dos personalidades. En una encontramos a aquel ser que sigue sus instintos, la parte sombría del lobo aislada de la sociedad que no comprende y cuya violencia es ejercida contra el mundo y contra sí mismo.

"La bidivisión en lobo y hombre, en instinto y espíritu, por la cual Harry procura hacerse más comprensible su sino, es una simplificación muy grosera, una violencia ejercida sobre la realidad en beneficio de una explicación plausible, pero equivocada, de las contradicciones que este hombre encuentra dentro de sí y que le parecen la fuente de sus no escasos sufrimientos. Harry encuentra dentro de sí un hombre, esto es, un mundo de ideas, sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez, encuentra allí al lado, también dentro de sí, un «lobo», es decir, un mundo sombrío de instintos de fuerza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada".

En esta cita hay varias cosas que podemos comentar. En principio queda clara la distinción que hace entre hombre y lobo, pero por otra parte, la descripción de este último es el que más se refleja en la novela, la que Hesse ha cuidado más, la que ha pretendido durante toda la lectura que interioricemos.

Un profesor nos dijo una vez que los dos grandes temas que trataban los relatos eran la violencia y la sexualidad, es decir, los instintos más arraigados del ser humano convertidos en historias. En el caso de El lobo estepario se hace más evidente a cada página, incluso tras la aparición de Armanda, donde ambos temas cogen un matiz humano o animal dependiendo del momento. Hesse nos describe a un hombre que se odia a sí mismo, cuyo objetivo no existe hasta que se plantea la idea del suicidio, a partir del cual su vida se hace menos dolorosa, porque ha establecido un final.


“Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de que su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada, es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez más tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación". 




Harry encuentra en su mundo y sufrimiento una comodidad. Sí, comodidad. Porque la infelicidad en este libro no es antónimo de comodidad, sino que supone el mismo eje conductor en su vida. La infelicidad se mantiene, aunque él no lo crea así, como una posición tranquila. El aislamiento y la desdicha suponen un estancamiento del alma, pues el estado de infelicidad prolongado acostumbra al cuerpo a no moverse, es una zona de confort de la cual Harry no sabe salir. Cuando se es infeliz se está más seguro, es una posición estable porque los seres humanos queremos salir de la infelicidad, no hay miedo del mañana. Ahora bien, la felicidad se entiende como efímera, porque una persona melancólica como Harry solo piensa en cuándo se acabará. La satisfacción y felicidad es una posición de la que no se quiere huir.

En cuanto al deseo de independencia anteriormente mencionado, nuestro protagonista no cede en principio ante las emociones o dependencias hacia personas, prefiere estar solo, porque según Harry el grado de libertad que desea implica no adquirir emociones fuertes hacia los demás. Al querer a alguien, sometemos inconscientemente nuestra libertad a la de la otra persona, y se crea una dependencia emocional que Harry quiere evitar, porque como buen lobo estepario, prima su libertad por encima de todo. 

Esto se encontrará con el inconveniente de que reside también un alma humana dentro de su cuerpo, y aquella necesita amar y ser amada. Aleja el amor, el trabajo y la vida burguesa para no tener dependencia de nada, para conservar su libertad, y eso genera sufrimiento. También vemos que esta surge de su propio aislamiento y la concepción que tiene sobre sí mismo. Es curioso, y por otra parte muy humano, que Harry nos venda un planteamiento de su propio ser, y luego al seguir con la lectura veamos su hipocresía, veamos la armadura que ha montado alrededor de su existencia para intentar explicarse, pero que no se corresponde del todo con la realidad.


"Por lo que se refería a los demás, a cuantos lo rodeaban, no dejaba de hacer constantemente los intentos más heroicos y serios para quererlos, para hacerles justicia, para no causarles daño, pues el ama a tu prójimo lo tenia tan hondamente inculcado como el odio a si mismo. Y de este modo, fue toda su vida una prueba de que sin amor de la propia persona es también imposible el amor al prójimo, de que el odio de uno mismo exactamente igual, y en fin de cuentas produce el mismo horrible aislamiento y la misma desesperación, que el egoísmo más rabioso".

Para acabar con la idea del lobo estepario dentro de Harry, haremos referencia al recurso más evidente que Hesse  utiliza para materializar su percepción del mundo. Harry es un animal nómada, no busca un hogar fijo porque no es su objetivo, sino que va alquilando habitaciones de aquí a allá, especialmente de familias burguesas. Este detalle nos muestra cómo Harry busca sentirse alejado de la vida cotidiana, pero mantenerse en la órbita, y a partir de ahí articulará todas sus críticas hacia la sociedad. 



Este punto es interesante cuando desprende cierta satisfacción al ridiculilzar la vida burguesa, pero también refleja un toque de malicia porque sabe que no pertenece, porque se siente externo a un mundo que para él resulta confuso. El final del libro nos revela algunos intentos de crítica hacia la tecnología y los avances industriales descontrolados, y él se describe como un pobre lobo estepario delante de toda esta realidad distorsionada, dentro de una civilización desastrosa.


"Un hombre de la Edad Media execraría todo el estilo de nuestra vida actual no ya como cruel, sino como atroz y bárbaro. Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tienen su estilo, tienen sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales (...) Un hombre de la Antigüedad que hubiese tenido que vivir en la Edad Media se habría asfixiado tristemente, lo mismo que un salvaje tendría que asfixiarse en medio de nuestra civilización. Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas. Haller pertenece a aquellos que se han enzarzado entre dos épocas (...) aquellos cuyo sino es vivir todos los enigmas de la vidas humana sublimados como infierno y tormento en su propia persona".

Podemos observar que todo el libro habla de contradicciones, de la contradicción entre las dos almas de Harry y al mismo tiempo la contradicción entre su mundo y el mundo real. Me parece una cuestión interesante su crítica a la sociedad, porque sí es cierto que encontramos a un "salvaje" que no se siente incluido en un mundo que tiende a la velocidad, a bailar foxtrot, a la industrialización y que crea unas exigencias con nosotros mismos que muchas veces no somos capaces de soportar. 

"¡Mira, estos monos somos nosotros! ¡Mira, así es el hombre! Y toda celebridad, toda discreción, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacia lo grande, lo sublime y lo eterno dentro de lo humano se vinieron a tierra y eran un juego de monos..."

Hesse va relacionando distintos elementos con el "yo" animal o humano, a veces acercándose más a uno u otro. Uno de los recursos que utiliza es el arte, y concretamente las largas descripciones de lo que siente Harry por la música, en especial de Bach y Mozart. El arte es uno de los mecanismos que tenemos los humanos para seguir siendo humanos, porque no es útil, no tiene una función por sí misma,  y esta es la conexión que establece el autor.

Sin entrar en detalles, el principal cambio viene de la mano de Armanda, que le presentará a la sensual María con la que querrá bailar, estableciendo unos objetivos diferentes a los que tenía. Conocerá a Pablo, el saxofonista que Hesse utilizará como versión antagónica al protagonista, pues se trata de un ser alegre, incluso cuando no debería. No aparecen muchos personajes, pero cada uno tendrá una función clave en el desarrollo de Harry. Todo en el libro gira alrededor de la formación de un personaje.


"Y esa maravillosa muchacha…¡Si yo hubiese sabido al menos su nombre! De pronto un ser humano, una persona viva que rompe la turbia campana de cristal de mi aislamiento y me alarga la mano, una mano cálida, buena y hermosa. De repente, otra vez cosas que me importaban algo, en las que podía pensar con alegría, con preocupación, con interés. Pronto una puerta abierta por la cual la vida entraba hacia mí. Acaso pudiera vivir de nuevo, acaso pudiera volver a ser un hombre".

La parte humana aparece en su relación con los demás a partir de este encuentro, y le será cada vez más difícil discernir tan solo entre dos composiciones, entre lobo y humano, entendiendo que el alma humana se compone de distintas piezas, de muchos "Harrys" y que la realidad no se puede simplificar tanto. Debo decir que a medida que avanza la narración parece que el personaje pierda fuerza. El relato intenta ir convenciendo al lector de la transformación que hace el protagonista y los motivos por los que merece la pena vivir. Ahora bien, sí se produce una transformación pausada y evidente, pero Hesse no ha sabido conducir ni describir con tanta profundidad y detalle los nuevos sentimientos del mismo. Siempre se ha dicho que es más sencillo escribir a través de la tristeza que desde la felicidad, y El lobo estepario es un buen ejemplo de ello. 

Cuanto más avanzaba la lectura, más me he ido alejando del personaje, no sé si ha sido una sensación personal o realmente el autor no ha cuidado de la misma manera la primera parte, con el Tractat del lobo estepario una especie de manual filosófico describiendo su personalidad— que la segunda, donde ahonda mucho más en lo humano y el sentido de serlo.

En conclusión, El lobo estepario suelta al lector en un mundo de mentiras, en la cabeza del propio Harry, que no buscará solo engañar al lector sino también a sí mismo. Una historia de soledad, crítica, existencia, contradicciones internas y gran contenido introspectivo. No se hace una lectura ligera, pero es un libro del cual se pueden sacar muchos matices, y a cada página nos hallamos delante de una reflexión sobre Harry, y una inflexión más sobre su persona. Convencernos de que es posible "ser" dentro de un mundo al que hemos sido esclavizados sin elegirlo...ese ha sido el gran reto de Herman Hesse.


Han pasado algunos meses desde que leí este libro, pero es difícil encontrar tiempo para sentarme a escribir, y quizás lo será aún más en las próximas semanas. Aún así, no vamos a negar que hablar de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es complicado, tanto por las diversas tramas abiertas, la profundidad de estas y las diferencias en su adaptación a las películas. Además ¿Qué se puede decir que no se haya analizado ya de Blade Runner? Aún así, voy a intentar aportar mi pequeño grano de arena sobre la obra, centrándome en algunos que solo están presentes en la novela.


Sueñan los androides con ovejas eléctricas
Philip K. Dick
Editorial Cátedra
357 páginas


¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? fue publicada por Philip K. Dick, un escritor norteamericano, en 1968, que ha acabado siendo una de las novelas más conocidas del género cyberpunk. El libro nos sitúa en un ambiente postapocalíptico, destruido, con una tecnología avanzada, pero que ha dejado en el ser humano un ambiente decadente. Todo sucede tras una guerra química, la Guerra Terminal, que ha dejado a la Tierra envuelta en un clima de desolación y polvo radioactivo, hasta el punto de que la mayoría de las personas decidieron desplazarse hacia colonias situadas en otros planetas como Marte. 

Como consecuencia de esta radiación las personas que se quedaron en nuestro planeta pueden tener defectos genéticos, y a los afectados por ella se les denomina "cabezas de chorlito" o "especiales", ya que no pueden pensar con claridad o desarrollar trabajos normales. El protagonista principal de la historia se llama Rick Deckard, que deberá relevar a un compañero de trabajo, cuya tarea consiste en retirar androides. En este mundo del futuro la tecnología ha llegado al punto de poder desarrollar androides orgánicos, es decir, idénticos a los humanos, para que sirvan en las colonias.

Algunos de estos nuevos androides, los Nexus 6, han sido creados y desarrollados con unas características tanto intelectuales como corporales similares a las humanas, por tanto tan solo pueden ser detectados como androides por una máquina, con el método Voigt-Kampff, que es el que utilizará nuestro protagonista en la búsqueda de los androides rebeldes. Aquí encontramos la principal esencia filosófica del libro, en una cuestión de existencia, en determinar qué nos diferencia a los humanos de los androides, y por tanto, qué es lo que realmente nos hace humanos. Es la cuestión que extraerá tanto Ridley Scott en la conocida adaptación Blade Runner en 1982, como Villeneuve en 2017 con Blade Runner 2049.

Introducidos algunos de los temas que caracterizan al libro, podemos dar vueltas y pinceladas a lo que suponen estas cuestiones, algunos compartidos con las películas, y otros que únicamente se encuentran en la lectura. No voy a incidir en el final, tan solo dar vueltas alrededor de lo que plantean las obras y al final mi opinión entre ellas. Si eres lector de Ovejas eléctricas o por el contrario llegas de las adaptaciones puede que te interesen algunas lecturas de los mismos.


¿Qué nos hace humanos?

Parece ser la pregunta más evidente tras revisar el libro y ver las películas, pero al mismo tiempo, no hay ninguna de las tres que acabe de solventar la problemática del todo, ya que la duda sigue flotando en el aire como si de polvo radioactivo se tratase. A día de hoy podemos ver muy lejano ese futuro en el que no podamos distinguirnos ni entre nosotros mismos, que una cualidad tan animal y arraigada como la de reconocer al semejante se vea corrompida, pero Dick utiliza los recursos necesarios para que podamos contemplar esta posibilidad.

En la película el juego era más fácil, introducir a dos actores que físicamente se vean como humanos, y que nuestro ojo, contemplando la escena, se vea confundido desde un principio. En la lectura el autor tenía que tener una causa, una explicación para nosotros, una manipulación de nuestro entendimiento para que la palabra "androide" no nos trasladara a la de un robot mecánico muy diferente de nosotros mismos. ¿Cómo puede conseguirlo, sembrar tal duda en el lector sobre lo que somos tratándose de presentar a simples androides? Parece evidente que a día de hoy difícilmente un cajero mecánico pueda suplantar a una persona de verdad, pero Dick juega a despersonalizar a los humanos, paso a paso, durante las páginas, mientras que dota de cierta simpatía y conciencia a lo que conocemos por androides, intenta acercar los dos extremos sin que nos parezca descabellado.

"Rick comprendió que los androides Nexus-6 superaban a varias clases de especiales humanos en lo que a inteligencia se refería. En otras palabras, los androides equipados con el nuevo cerebro Nexus-6, por decirlo desde un punto de vista crudo, pragmático y sensato, habían evolucionado más allá de un importante-aunque inferior-segmento de la humanidad. Para bien o para mal. El esclavo había terminado por resultar más espabilado que algunos de sus amos" (154)

Uno de los planteamientos que tenemos al comenzar el libro es la imposibilidad de que un robot, un androide, algo creado por los humanos, pueda superar al propio coeficiente humano. Por tanto, la primera duda radica en la inteligencia, en hasta qué punto de racionalidad es capaz de llegar un robot y si esta puede servir para distinguirnos. Dick solventa esto introduciendo un punto débil en el ser humano, es más, a un protagonista que es la representación de una total falta de raciocinio. Se trata de John Isidore, segundo protagonista de la obra, que en esta representa a un mecánico de animales eléctricos que ha sido gravemente perjudicado por la radiación, convirtiéndose en lo que conocemos como "cabeza de chorlito". Por tanto, al situarlo como protagonista, quiere que empaticemos con alguien que no tiene tanta racionalidad como nosotros, pese a ser un humano de verdad, situándolo como vulnerable delante de cualquier androide.

"(...) lo humano, lo propio de los seres humanos (...) no es la condición de ser racional. La inteligencia artificial de los replicantes, de las máquinas, reflexivas incluso, también tiene esas características. <<Los sentimientos -escribe Choza- como criterios de determinación de lo específicamente humano. La respuesta es porque los sentimientos no se pueden replicar y los razonamientos sí".  (Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia. Francisco Javier de Lucas Martín, 35)

Siguiendo con el hilo de los sentimientos, y descartada ya la posibilidad de que la duda entre humanos y animales, o humanos y androides radique únicamente en la racionalidad, vamos a hablar de la explicación que al menos en el libro hace de esta concepción del ser. El libro gira alrededor de la empatía, como casi única manera de asegurar que la persona es humana en todas sus facetas. La cualidad de sufrir por el otro, de la actividad improductiva que supone afligirte por un ajeno, es lo que en Ovejas eléctricas le da el significado a la esencia humana, y lo que según el libro no se puede replicar. Para hablar del concepto de empatía dentro del libro debemos abrir varios paréntesis.


En primer lugar, uno de los elementos inexistentes en las películas pero que acaba de completar el significado en los libros son las cajas de emociones. En estas, el protagonista y los ciudadanos pueden elegir sus distintas emociones y sentimientos, como el deseo de levantarse o comer. Partiendo de esta base, podemos decir que Philip K. Dick sigue labrando su deseo de despersonalizar al ser humano, pues este necesita de una máquina para tener sensaciones. En varios pasajes de la novela nos indica que el protagonista insta a su mujer a utilizar la máquina para ser feliz, e incluso, que utilice la máquina para que le dé las ganas de utilizarla para ser feliz. 

En fin, que nos coloca a un humano ausente de emociones, por lo que acerca cada vez más  nuestra esencia a la de una máquina, a la del androide. Las emociones ya no sirven para establecer la diferencia entre lo humano y lo artificial. De la misma manera que a los androides puedes instalarles racionalidad, los humanos, con sus actos, pueden llegar a deshumanizarse. Con esta premisa podemos fijarnos en que cuando hablamos de un acto "inhumano" en nuestro día a día nos referimos a cuando se ha cometido un acto brusco o violento contra otro, es decir, esta pérdida de la empatía, esta deshumanización.

"La mayoría de los androides que conozco tienen más vitalidad y ganas de salir adelante que mi esposa. Ella no me aporta nada". (215)

Para completar esta posible duda nos presenta a unos androides que, aunque parecen menos humanos que en la película, demuestran tener emociones y sentimientos. Rachael le menciona en varias ocasiones que si quiere que le ayude a retirar a los androides que cuente con su ella, además del deseo que sienten varios de los androides que aparecen en la novela de vivir aun siendo máquinas, cuando ven que pueden ser retirados por Deckard. Por último, la línea definitiva que marca estos deseos de un futuro y de salir adelante que al parecer tan solo podían ser propios de los humanos los encontramos también en los androides, al escapar de Marte en busca de unas mejores condiciones de vida en nuestro planeta. Los androides sueñan, no sabemos si con ovejas eléctricas, pero al menos sueñan.

Incidiendo en otro de los temas muy presentes si hablamos de cómo está organizado el mundo y de la empatía, y que es descartado casi completamente por la adaptación audiovisual, es el tema de los animales. El nombre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? no es un nombre aleatorio, sino que, además de ser un título un tanto extraño, encierra diferentes concepciones y perspectivas de la obra. La palabra ovejas hace referencia a la mascota de Rick Deckard. En este mundo desolado, prácticamente todos los animales se han extinguido, por lo que resultan muy caros en el mercado. Tener animales supone una mejor concepción del individuo dentro de esta sociedad, en primer lugar porque tienes dinero para tener un buen tipo de animal, y en segundo lugar porque representan tener empatía por ellos. Según la obra, cuantos más animales tienes mayor empatía demuestras hacia los demás. La empatía es una muestra de falta de razón, de sentimientos, de humanidad, la empatía no sigue una lógica, sino un instinto.

Con estos precedentes, debemos mencionar que una de las frustraciones del protagonista es la de tener un animal eléctrico tras la muerte de su oveja, sustituida por una falsa. Por tanto, su temor es que los vecinos descubran que no es una oveja de verdad, sino una simple réplica. Este elemento animal le da un matiz más a la idea de la humanidad y la empatía dentro del libro, mucho más prominente que en las películas. En el libro de Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia mencionan alguna de las causas de esta introducción de animales para explicarlo:

"Lo humano, lo propio de los individuos, de los pueblos, no es la memoria del tiempo, sino, como señalan Marzal y Rubio en su espléndido análisis de la película, lo que el tiempo permite construir, a través de la experiencia vivida, las emociones, los sentimientos y concretamente entre ellos la compasión hacia los otros, a los que no son como él, a otras especies: por eso la necesidad del contacto con otros seres vivos, comenzando por los animales: nos hacemos más humanos cuando extendemos nuestra condición de humano, nuestros derechos, a quienes no lo son".

Rick Deckard sueña con tener una oveja de verdad, y es un punto interesante porque representa esta relación entre el ser humano y lo artificial, es decir, una oveja eléctrica le puede servir, pero lo que de verdad quiere es una orgánica.



La duda constante

Otra de las facetas por las que se ha halagado tanto a Blade Runner es por instalar una duda constante en el lector, que parte del protagonista y se extiende hasta nosotros mismos. Tanto en el libro como en la película, tratados de manera distinta, se plantea la posibilidad de que Deckard sea un androide. A partir de esta duda, y con lo mencionado anteriormente, el acercamiento entre lo real y lo artificial, establece una duda permanente en el lector. Si realmente somos humanos o no. Algunas leyes te hacen plantear tu moralidad, la publicidad te cuestiona por tu estética, en 1984 sobre el control que otros ejercen sobre ti... pero ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? va mucho más allá, te hace cuestionarte si eres humano, y qué es lo que te hace realmente serlo. ¿Porque te ha creado otro humano? ¿Porque tienes recuerdos? ¿Porque puedes razonar? ¿Porque tienes piel orgánica? Los androides también.

Podríamos intentar vislumbrar qué es lo que te hace humano o no durante cinco párrafos más, pero ¿No estaríamos desestimando al famoso método Voigt-Kampff? Este método mide tu reacción a determinadas situaciones a las que deberías reaccionar como una persona normal en un tiempo determinado. En el libro se mezclan algunas situaciones relacionadas con los animales, y el ser humano debe decidir qué haría en estas. Ahora bien, aquí debemos subrayar dos aspectos con los que Philip K. Dick juega para que no tengamos fiabilidad ni de la misma máquina.

En varias ocasiones durante el libro se pone en cuestión la fiabilidad de esta, incluso comparándolo con otros métodos del pasado o que existen. La propia Asociación Rosen le pide a Deckard que pruebe la máquina porque según ellos tampoco se fía al completo de su efectividad para distinguir a los androides que ellos mismos han creado. Además, otro factor a tener en cuenta es la propia esencia de la máquina Voigt-Kampff ¿No estamos necesitando de un instrumento creado artificialmente para detectar si otro está creado artificialmente? La poesía de todo el planteamiento de Dick me parece terriblemente irónica. Un humano que necesita de una máquina para que le diga si otra lo es.


Durante la lectura el segundo protagonista, John Isidore, que no conoce a ningún cazarecompensas, intenta hacer una descripción de ellos, de cómo se los imagina en la cabeza, y vemos que el autor sigue jugando con este símil o paralelismo entre la máquina y el humano:

"Y quizá Milt, que era muy inventivo, pudiera crear un arma que él fuera capaz de usar. Algo innovador, capaz de matar a cazarrecompensas...Fueran lo que fueran. Tenía una imagen vaga y apenas vislumbrada; la de alguien sin piedad que llevaba una lista y un arma, que se movía maquinalmente para hacer su trabajo de matar de forma sencilla y burocrática. Una cosa sin emociones, sin cara siquiera; una cosa que si moría era reemplaza de inmediato por otra similar". (274).

Uno de los aspectos más interesantes, y que solo me he comenzado a plantear tras leer el libro Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia es la importancia de los recuerdos, y como estos contribuyen a sembrar la duda en el lector sobre lo que somos y creemos. En Ovejas eléctricas nos explica que algunos androides pueden no saber que lo son, porque se instalan recuerdos en su memoria, recuerdos que no son reales pero lo parecen, y por tanto, construyen una vida cohesionada para sus creaciones. La posibilidad de crear imágenes que imiten nuestro pasado es uno de los conceptos más aterradores de la novela, ya que nuestro paso por el mundo está limitado (dejando fuera las posibles fotografías) a aquello que recordamos de él, a las breves imágenes que nos hacen sentir parte del mismo.

"¿seríamos menos humanos si todo eso que nos liga con lo que fuimos, que nos une a los que fueron antes que nosotros, fuera a su vez un artificio? (...) ¿Pero acaso la historia no es eso, un recuerdo inventado para creernos nuestra identidad?". (Blade runner: el derecho, guardián de la diferencia, 37)

Tratando este punto, podemos entrar en temas bastante interesantes, sobre todo relacionados con la sensación de pertenencia. Si pertenecemos a una familia, tenemos un pasado, unas emociones ligadas a ello, y por lo tanto formamos parte del gran colectivo denominado "personas, ciudadanos", entonces podemos tener la certeza de que somos "humanos". Es complicado hablar de esto, puesto que podemos entrar en temas de identificación con un territorio, con una nacionalidad. Si tenemos una historia con nuestra familia, pertenecemos a ella.

Tenemos una historia de siglos compartida, pertenecemos a una nación, ¿pero no son estos recuerdos, esta historia nacional compartida, unos recuerdos e historia insertados? A partir de libros y explicaciones, que ni siquiera hemos vivido, pero que nos dan la sensación de pertenencia? ¿De grupo? Sin duda es una afirmación de que perteneces a algo, a un territorio, y surge la identificación con otra persona por compartir lo mismo. Por tanto cuanto más cercano o más historia compartida, más cultura compartida, es más fácil tu identificación con esa persona, y quizás de ahí viene la disyuntiva con los androides, por ser estos diferentes, por representar al otro, a una amenaza que no entienden.

"Tanta historia con las diferencias entre los seres humanos auténticos y las creaciones humanoides. En ese ascensor del museo, se dijo, bajé con dos criaturas; una humana, la otra androide...y mis sentimientos fueron los opuestos a los adecuados". (260)

Es una frase de Deckard que resume casi toda la esencia y duda del libro, se supone que en el libro "los sentimientos opuestos a los adecuados" son comenzar a sentir empatía, interés romántico o amistad por los androides, cuando estos son simples máquinas. Concluyendo sobre "la duda constante" del libro, debemos decir que sí existe una necesidad por parte de los protagonistas del libro a demostrar que tienen empatía, a demostrar que son humanos. Nosotros, a día de hoy, damos por hecho que el otro con el que hablamos sabe de nuestra humanidad, pero en un mundo donde todo es tan cuestionado, sienten la necesidad de comprar animales para demostrar esta empatía, esta virtud de humanidad, en contraposición a lo artificial.


La importancia del tiempo y la atracción

Uno de los personajes que siembra la duda dentro del libro para el propio protagonista es Rachael Rosen, cuya relación se presenta menos romántica que en la película. También con Luba Luft, que en el libro es una famosa cantante de ópera, por la que siente admiración y más tarde algo de simpatía. Esto, sumado al desprecio que guarda con su mujer, por no tener aspiraciones ni ganas de vivir, mientras que los androides tienen sueños, nos da un indicativo del cambio a nivel interno que comienza a hacer Deckard en cuanto a sus sentimientos y a los androides. 

Pocas cosas quedan por decir del tiempo y su importancia en Blade Runner, aunque si nos remitimos a la manera de morir de los androides en Ovejas eléctricas, podemos seguir con la disyuntiva. En el libro, los replicantes mueren a los cuatro años porque no han podido alargar más su vida y los genes se deterioran. Esto nos da otro indicativo de la diferencia entre humanos y androides y la importancia del tiempo. Mientras, los humanos son orgánicos y están sometidos a la incertidumbre del tiempo, lo que nos provoca angustia, y la inexactitud de saber cuándo vamos a morir, las máquinas sí son conscientes de ello, tienen fecha de caducidad, como los productos que puedes comprar en un super, que no son humanos. 

La religión y el mercerismo

Con el último punto a tratar y que es inexistente en la película hablaremos del famoso mercerismo. El mercerismo es una religión que se practica en el mundo de Ovejas eléctricas y que es de los elementos más extraños dentro de este. Su Dios se denomina Mercer, y es una especie de profeta seguido por todos y admirado. Dentro del mundo virtual los humanos utilizan una máquina de la empatía que les conecta directamente con una experiencia de Mercer.

En esta, el profeta está subiendo por una montaña, y entonces le arrojan piedras, y aunque intenta esquivarla le duelen. La máquina de empatía hace que nuestro protagonista seguidor del mercerismo, Isidore, se conecte con todos aquellos que en ese momento están dentro, y se conjunten las emociones. Mediante la empatía el seguidor puede sentir lo que está sufriendo Mercer al caerle las rocas, y al mismo tiempo, sentir lo que sufren las demás personas, por lo que es una muestra más de esta necesidad de buscar la empatía de los seres humanos.



Se deben destacar algunos puntos sobre Ovejas eléctricas muy ligados a la misma religión. En la religión cristiana se da por hecho que nuestro creador es Dios, situando a Jesús como profeta, compartiendo esta especie de sufrimiento y figura mártir con Mercer y sus seguidores. En el libro no se menciona a Mercer como todopoderoso, vigilante, ni creador de la raza humana, y es precisamente porque Dick utiliza su antropocentrismo para articular toda la obra. Los seres humanos no solo no son creación de nadie, sino que se establecen como creadores.

Son creadores de otro tipo de ser, de otra forma de vida, como son los androides. Por tanto, aquí entra la cuestión de si asesinar —aunque en el libro se utiliza la palabra retirar— a los androides porque son creación nuestra, porque son simplemente una vida artificial creada por nosotros, que deberíamos poder retirar en cualquier momento. ¿Su creación por los humanos justifica su eliminación, aunque no se comporten de manera dañina para la sociedad? Al establecernos como creadores y como cazarrecompensas, nos estamos situando como jueces, como seres superiores, que deciden lo que debe existir y lo que no dentro del mundo. Quien debe vivir y quien no.

Si los androides tienen sueños, si los androides tienen esperanzas, si tienen miedos... ¿No les da el derecho a ser seres individuales, o por el contrario tenemos el derecho nosotros de acabar con ellos? Esta es la duda con la que juega Dick en su personaje de Rick. Deckard empieza persiguiendo androides, y el libro acaba con una búsqueda de sí mismo.

En conclusión, la lectura es interesante por todo lo comentado anteriormente, y por crear una duda en algo tan fundamental como es el ser humano. También es interesante sentir la amenaza a la propia humanidad. Hay diferencias en cuanto a las películas, tanto en tramas como en personajes, pero se mantiene la misma duda y esencia filosófica en las tres. Tras haber visto bastantes adaptaciones de libros a la gran pantalla diré que siempre ha sido difícil adaptar un libro y que resulte ser mejor que la película, ya que en la mayoría de casos me parece que en estos se han tratado mejor los temas o que la película es bastante decente.

En el caso de Blade Runner no ocurre esto, es decir, sí puedes acabar de formarte una idea sobre los inicios del mundo de Dick y abrir más paréntesis dentro de este, pero la película de Ridley Scott funciona como obra independiente, y consigue la misma profundidad en el tratamiento de los temas filosóficos que el libro, por lo que no es necesario haber leído uno para entender el otro. En general, considero que es un libro sencillo de leer, que puede gustar sobre todo a seguidores de la ciencia ficción o que se hayan interesado por Blade Runner. Seguramente a aquellos que vengan de las películas, como era mi caso, que ya había visto algunos análisis sobre estas, encontrarán pocos horizontes nuevos en la lectura, corta pero sin duda bastante interesante.

★★★★✰


Bibliografía utilizada:

Javier de Lucas Martín, Francisco, 2003, Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia, Valencia, Tirant Lo Blanch.

Blog de Momoko:
https://momoko.es/opiniones/suenan-los-androides-con-ovejas-electricas-analisis

Canal de Quetzal:
https://www.youtube.com/watch?v=v_ATQxu1nA4

El rincón de Sofista:
https://elrincondesofista.wordpress.com/2012/06/08/suenan-los-androides-con-ovejas-electricas/




La lluna em va mirar,
i va dir que em deixa
sols un mes trist a l'any
per plagar-lo d'angoixa

Jo vaig triar octubre
per nàixer, per morir
també per escriure
No és tot això patir?

I sempre em contesta
de la mateixa manera,
amb gelada i tempesta
pluja freda als cabirons

Fa pocs dies que espere
vore ploure per la ciutat,
però ara s'ha enfosquit tot
i s'esborra el recel amagat

Vull obrir i mirar cap a dalt
però potser mai no ha plogut
i qui picava terra era un pardal
i l'obscuritat era només meua.





Este mes de octubre el Nobel de José Saramago, que se convertiría en el primero en lengua portuguesa, cumplirá veinte años. Y no ha envejecido tan mal. Ensayo sobre la ceguera, uno de los libros más conocidos del autor, nos sumerge en una historia inquietante y reflexiva a partes iguales. Dicho esto, vamos a desentrañar algunas de las claves para entenderla.

Un argumento sencillo, pero no tanto

La historia comienza en un coche cualquiera, de una calle cualquiera, de vete a saber qué ciudad...y es que Saramago tan solo pretende definir a cualquiera de nosotros. El individuo que lo conduce espera tranquilamente a que el semáforo se ponga en verde, pero de improvisto, sobre sus ojos se cierne una cortina blanca y es incapaz de ver nada. "Estoy ciego", dirá a continuación. De esta manera, la ceguera irá extendiéndose por el barrio, la ciudad, el país...convirtiéndose en una verdadera pandemia.

Aunque a simple vista parece que el libro nos vaya a contar la historia de un mundo, Saramago hace todo lo contrario; nos muestra al ser humano. Sentarse a escribir sobre la novela no es fácil, porque conlleva de manera irremediable hablar de la existencia, las intenciones, el egoísmo, la creación del mundo, conceptos filosóficos...

Saramago ha metido de lleno las manos en el barro del ser humano para moldear este libro. Y como siempre pienso cuando acabo de leer algo de ese calibre: si fuese un libro fácil, no sería así de interesante. Pese a su brusca y casi apocalíptica presentación, tanto la prosa del autor como la acción se podrían definir de lentas o tediosas. Esto puede ser un punto en contra si buscamos la emoción elevada al cuadrado en el libro, pues la mayoría de la acción transcurre en un espacio cerrado, con párrafos plagados de descripciones y diálogos. Sin embargo, esto también nos permite darle más y más vueltas mientras lo estamos leyendo, y no dejarnos llevar por el frenesí que conllevan las escenas de acción.

Quizás me he adelantado hablando de párrafos, porque una de las características que más sorprenden al leer a Saramago es la ausencia de párrafos y guiones para los diálogos. Por una parte es una manera original y difícil de escribir, pero para mi gusto ralentiza la lectura. Quizás soy un poco fetichista con la puntuación, pero leer de manera caótica me frustra ¿Sentía añoranza por unos párrafos y diálogos más claros? Constantemente. Si tuviese que quedarme con una idea para definir el libro en cuanto al estilo, casi diría que se trata de una introspección narrativa. Tan caótica y pausada como la menta humana.

La creación de un “microestado”

Llegados a este punto hablaremos de uno de los temas clave de la lectura de Saramago, y es su inseparable relación con la política. Saramago nació en 1922 en Portugal, por lo que vivió una época de convulsiones políticas con la dictadura de Salazar, la Revolución de los claveles y la posterior democracia socialista. Durante su novela, Saramago logra poner en cuestión y reflexión la lucha de poderes y su utilidad y organización dentro del mundo.


Los dirigentes del país ordenan confinar a todos los ciegos y posibles contagiados en un manicomio abandonado, sin volver a tener contacto con el exterior por la posibilidad de contagio. Así pues, se crea una micronación dentro del manicomio, con una sociedad "independiente" y aislada del resto. Aunque en principio se plantea la posibilidad de que cada uno vaya por su parte, en lo que inclinaría la situación hacia un microestado anarquista, finalmente se deciden por organizar la sociedad con líderes. En este punto se desvela uno de los instintos más interiorizados: dentro de un caos, debe existir un orden. Aún así Saramago no deja su crítica hacia esta decisión, pues de una manera muy literaria y pausada nos hará observar que, como argumentan algunos principios anarquistas, ejerza quien ejerza el poder a la larga provocará opresiones e injusticias.

“Padezco de algo que se puede llamar el comunismo hormonal. Por ejemplo, las hormonas hacen que los hombres tengamos barba y las mujeres no. Bien, imagínese que hay personas que nacen con ciertas hormonas que las dirigen al comunismo y las pobres no tiene más remedio que ser así".

Fue una frase de Saramago, que no dejó de vincularse a la política tras inscribirse en el Partido Comunista Portugués, además de ser censurado por sus publicaciones durante la dictadura. Esta vertiente política se hace más evidente en otra publicación posterior, Ensayo sobre la lucidez, y en esta entrevista de El país deja ver la relación de ambos libros y el autor. Saramago establece a lo largo del libro diversas opresiones: el Estado propiamente dicho, que ejerce su autoridad al confinarlos contra su voluntad pese a que asegura ser "para el bien de todos", aunque los deja abandonados a su suerte. Por otra parte, se plantea la utilización de una nueva autoridad y el uso de la fuerza como elemento justificador del poder, pues un nuevo grupo armado y organizado será el canalizador de la opresión.

Reflexiona acerca de lo que realmente sustenta las decisiones en una sociedad, pues durante varias semanas en el libro tan solo se sustentan por el uso de la violencia, las "autoridades" y el miedo para que acaten sus órdenes, en lo que vendría siendo un paralelismo con una dictadura militar. Por otra parte, la búsqueda de poder por una parte de este grupo y las consecuencias, presión y amenazas de las que hacen alarde, dejan ver la parte más ruin del alma humana.

Otra de las temáticas interesantes es la creación de normas, que actualmente entendemos como artículos o partes de una Constitución, creados por un poder superior y aplicados por otro poder superior. Aunque les demos legitimidad ¿Surgen estos del acuerdo entre los ciudadanos, representan realmente a los ciudadanos? ¿Qué ocurriría si estos órdenes desaparecieran, si tuviésemos que idear una nueva sociedad con nuevas normas?

Ante la escalada de violencia y lucha por el poder que se puede producir en la situación del libro, Saramago parece rescatar las ideas de Hobbes sobre el Contrato social, entendiendo que las leyes surgen como la necesidad de la población a que, ante el miedo, se produzcan unos enfrentamientos derivados de la lucha de poder que acabarían con la muerte de todos los ciudadanos. Por ello, acaban renunciando a su libertad en apoyo a un único líder y unas normas para asegurar el orden.

Las normas no responden a una ética o moral establecida y firme, sino que fluctúan y cambian debido a los acontecimientos históricos, por lo que el libro nos puede hacer reflexionar sobre lo que parece anticonstitucional y lo que no. Si este micromundo decide justificar con las normas ciertos comportamientos que en el mundo real se considerarían inmorales lo puede hacer. Dentro de su microclima ya no existe el bien o el mal, sino que las normas se van modificando según convencen o no a los ciudadanos de esa comunidad. Quizás matar a alguien el día anterior estaba mal, penado, pero en ese microespacio, las normas son nuevas e independientes, si los ciudadanos de esa especie de “comuna” deciden que en ciertos casos es necesario, así será.

La frase de “el lobo es un lobo para el hombre” del mismo autor se materializa constantemente y creo que es la pieza fundamental de toda la historia, el egoísmo y la lucha por la dominación dentro de una sociedad. Esta lucha por la dominación, que en el mundo occidental actual se difumina mucho, se ve de manera evidente en el micromundo creado por el autor.

Los planteamientos de la existencia



Cuando pienso en Ensayo sobre la ceguera, el factor político realmente pasa a segundo plano, pues el libro tiene mucho más impacto a nivel social, humano y existencialista. Simplemente porque desde el principio hasta el final te hará plantearte quién eres y qué estarías dispuesto a hacer en tales condiciones. Para explicar a dónde nos quiere llevar el autor con estas preguntas nos vamos a ir a la página 152, en la que se produce casi un monólogo que da pie a este planteamiento existencialista:

"Y para qué lo quería yo, a ver, dígame entonces qué pasaría hoy si todos los que están ahora ciegos hubiesen perdido, digo perdido materialmente, los dos ojos de cristal, Realmente, no serviría de nada, Si acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, para qué queremos la estética, y en cuanto a la higiene, dígame, doctor, qué higiene hay aquí, Probablemente, solo en un mundo de ciegos serán las cosas lo que realmente son, dijo el médico".

Y pum. Se carga en un momento varias concepciones sobre la verdadera esencia humana, y muy acertadamente. A partir de esta frase podemos intuir por dónde quiere ir el autor, qué nos quiere hacer ver. En primer lugar, como se intuye en el dialogo, los humanos allí confinados comienzan a dejar de vestirse bien, de maquillarse, incluso de orinar donde deben porque los demás no los van a ver, de manera que nos mete en una cuestión importante: ¿Somos quienes somos, y lo queremos reflejar, porque existen los demás? Parece una pregunta obvia, pero Saramago te lleva por muchos lares para que te la replantees. Junto a esto, tenemos el hecho de que una vez entran en el psiquiátrico, durante las primeras páginas, dejan de llamarse por su nombre, y los personaje se convierten en "la joven", "el médico", "el viejo", etc. El nombre, que es uno de los elementos más diferenciadores dentro de una sociedad, desaparece, por lo que los personajes se difuminan. ¿Quienes somos? ¿Somos porque nos llaman los demás?

La capacidad del libro de plantear y replantear la propia esencia está muy ligada a varios pensadores del existencialismo quizás más pesimistas. Rescatamos una cita a modo de crítica que Sartre hacía a la famosa frase de Descartes:

“Transformo para mí la frase imbécil y criminal del profeta de ustedes, ese “pienso, luego existo” que tanto me hizo sufrir, pues “mientras más pensaba menos me parecía ser”, y digo: “me ven, luego soy”. Ya no tengo que soportar la responsabilidad de mi transcurrir pastoso: “el que me ve me hace ser, soy como él me ve".

Sartre fue uno de los pensadores existencialistas por excelencia, y nacido tan solo diecisiete años antes que Saramago, pudo adoptar parte de esta vertiente que comparte con los pensadores de mitad del siglo XX. En el libro, la existencia actual, lo que demuestran a partir de ahora, precede a su esencia misma, porque no importa qué fueron, ni siquiera como se llaman, que es uno de los rasgos más distintivos del ser. Todos estos rasgos, unidos a lo que hemos mencionado anteriormente sobre no respetar las normas, sobre comportarse con egoísmo para sobrevivir, sobre no cuidar su aspecto porque ya no les pueden ver, produce que el ser deje de ser, en cierta manera Por tanto, he comprendido que se genera una casi completa despersonalización de los individuos. Saramago presenta una existencia y a un ser desdibujado, y todos, tan solo forman un colectivo de ciegos. 


Podemos ahondar en muchísimos temas, y es uno de esos libros sobre los que puedes dar mil vueltas y acabar en el mismo sitio. De todas maneras, el libro se puede resumir en tan solo una cuestión: ¿Quiénes somos?