¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick | La despersonalización del humano



Han pasado algunos meses desde que leí este libro, pero es difícil encontrar tiempo para sentarme a escribir, y quizás lo será aún más en las próximas semanas. Aún así, no vamos a negar que hablar de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es complicado, tanto por las diversas tramas abiertas, la profundidad de estas y las diferencias en su adaptación a las películas. Además ¿Qué se puede decir que no se haya analizado ya de Blade Runner? Aún así, voy a intentar aportar mi pequeño grano de arena sobre la obra, centrándome en algunos que solo están presentes en la novela.


Sueñan los androides con ovejas eléctricas
Philip K. Dick
Editorial Cátedra
357 páginas


¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? fue publicada por Philip K. Dick, un escritor norteamericano, en 1968, que ha acabado siendo una de las novelas más conocidas del género cyberpunk. El libro nos sitúa en un ambiente postapocalíptico, destruido, con una tecnología avanzada, pero que ha dejado en el ser humano un ambiente decadente. Todo sucede tras una guerra química, la Guerra Terminal, que ha dejado a la Tierra envuelta en un clima de desolación y polvo radioactivo, hasta el punto de que la mayoría de las personas decidieron desplazarse hacia colonias situadas en otros planetas como Marte. 

Como consecuencia de esta radiación las personas que se quedaron en nuestro planeta pueden tener defectos genéticos, y a los afectados por ella se les denomina "cabezas de chorlito" o "especiales", ya que no pueden pensar con claridad o desarrollar trabajos normales. El protagonista principal de la historia se llama Rick Deckard, que deberá relevar a un compañero de trabajo, cuya tarea consiste en retirar androides. En este mundo del futuro la tecnología ha llegado al punto de poder desarrollar androides orgánicos, es decir, idénticos a los humanos, para que sirvan en las colonias.

Algunos de estos nuevos androides, los Nexus 6, han sido creados y desarrollados con unas características tanto intelectuales como corporales similares a las humanas, por tanto tan solo pueden ser detectados como androides por una máquina, con el método Voigt-Kampff, que es el que utilizará nuestro protagonista en la búsqueda de los androides rebeldes. Aquí encontramos la principal esencia filosófica del libro, en una cuestión de existencia, en determinar qué nos diferencia a los humanos de los androides, y por tanto, qué es lo que realmente nos hace humanos. Es la cuestión que extraerá tanto Ridley Scott en la conocida adaptación Blade Runner en 1982, como Villeneuve en 2017 con Blade Runner 2049.

Introducidos algunos de los temas que caracterizan al libro, podemos dar vueltas y pinceladas a lo que suponen estas cuestiones, algunos compartidos con las películas, y otros que únicamente se encuentran en la lectura. No voy a incidir en el final, tan solo dar vueltas alrededor de lo que plantean las obras y al final mi opinión entre ellas. Si eres lector de Ovejas eléctricas o por el contrario llegas de las adaptaciones puede que te interesen algunas lecturas de los mismos.


¿Qué nos hace humanos?

Parece ser la pregunta más evidente tras revisar el libro y ver las películas, pero al mismo tiempo, no hay ninguna de las tres que acabe de solventar la problemática del todo, ya que la duda sigue flotando en el aire como si de polvo radioactivo se tratase. A día de hoy podemos ver muy lejano ese futuro en el que no podamos distinguirnos ni entre nosotros mismos, que una cualidad tan animal y arraigada como la de reconocer al semejante se vea corrompida, pero Dick utiliza los recursos necesarios para que podamos contemplar esta posibilidad.

En la película el juego era más fácil, introducir a dos actores que físicamente se vean como humanos, y que nuestro ojo, contemplando la escena, se vea confundido desde un principio. En la lectura el autor tenía que tener una causa, una explicación para nosotros, una manipulación de nuestro entendimiento para que la palabra "androide" no nos trasladara a la de un robot mecánico muy diferente de nosotros mismos. ¿Cómo puede conseguirlo, sembrar tal duda en el lector sobre lo que somos tratándose de presentar a simples androides? Parece evidente que a día de hoy difícilmente un cajero mecánico pueda suplantar a una persona de verdad, pero Dick juega a despersonalizar a los humanos, paso a paso, durante las páginas, mientras que dota de cierta simpatía y conciencia a lo que conocemos por androides, intenta acercar los dos extremos sin que nos parezca descabellado.

"Rick comprendió que los androides Nexus-6 superaban a varias clases de especiales humanos en lo que a inteligencia se refería. En otras palabras, los androides equipados con el nuevo cerebro Nexus-6, por decirlo desde un punto de vista crudo, pragmático y sensato, habían evolucionado más allá de un importante-aunque inferior-segmento de la humanidad. Para bien o para mal. El esclavo había terminado por resultar más espabilado que algunos de sus amos" (154)

Uno de los planteamientos que tenemos al comenzar el libro es la imposibilidad de que un robot, un androide, algo creado por los humanos, pueda superar al propio coeficiente humano. Por tanto, la primera duda radica en la inteligencia, en hasta qué punto de racionalidad es capaz de llegar un robot y si esta puede servir para distinguirnos. Dick solventa esto introduciendo un punto débil en el ser humano, es más, a un protagonista que es la representación de una total falta de raciocinio. Se trata de John Isidore, segundo protagonista de la obra, que en esta representa a un mecánico de animales eléctricos que ha sido gravemente perjudicado por la radiación, convirtiéndose en lo que conocemos como "cabeza de chorlito". Por tanto, al situarlo como protagonista, quiere que empaticemos con alguien que no tiene tanta racionalidad como nosotros, pese a ser un humano de verdad, situándolo como vulnerable delante de cualquier androide.

"(...) lo humano, lo propio de los seres humanos (...) no es la condición de ser racional. La inteligencia artificial de los replicantes, de las máquinas, reflexivas incluso, también tiene esas características. <<Los sentimientos -escribe Choza- como criterios de determinación de lo específicamente humano. La respuesta es porque los sentimientos no se pueden replicar y los razonamientos sí".  (Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia. Francisco Javier de Lucas Martín, 35)

Siguiendo con el hilo de los sentimientos, y descartada ya la posibilidad de que la duda entre humanos y animales, o humanos y androides radique únicamente en la racionalidad, vamos a hablar de la explicación que al menos en el libro hace de esta concepción del ser. El libro gira alrededor de la empatía, como casi única manera de asegurar que la persona es humana en todas sus facetas. La cualidad de sufrir por el otro, de la actividad improductiva que supone afligirte por un ajeno, es lo que en Ovejas eléctricas le da el significado a la esencia humana, y lo que según el libro no se puede replicar. Para hablar del concepto de empatía dentro del libro debemos abrir varios paréntesis.


En primer lugar, uno de los elementos inexistentes en las películas pero que acaba de completar el significado en los libros son las cajas de emociones. En estas, el protagonista y los ciudadanos pueden elegir sus distintas emociones y sentimientos, como el deseo de levantarse o comer. Partiendo de esta base, podemos decir que Philip K. Dick sigue labrando su deseo de despersonalizar al ser humano, pues este necesita de una máquina para tener sensaciones. En varios pasajes de la novela nos indica que el protagonista insta a su mujer a utilizar la máquina para ser feliz, e incluso, que utilice la máquina para que le dé las ganas de utilizarla para ser feliz. 

En fin, que nos coloca a un humano ausente de emociones, por lo que acerca cada vez más  nuestra esencia a la de una máquina, a la del androide. Las emociones ya no sirven para establecer la diferencia entre lo humano y lo artificial. De la misma manera que a los androides puedes instalarles racionalidad, los humanos, con sus actos, pueden llegar a deshumanizarse. Con esta premisa podemos fijarnos en que cuando hablamos de un acto "inhumano" en nuestro día a día nos referimos a cuando se ha cometido un acto brusco o violento contra otro, es decir, esta pérdida de la empatía, esta deshumanización.

"La mayoría de los androides que conozco tienen más vitalidad y ganas de salir adelante que mi esposa. Ella no me aporta nada". (215)

Para completar esta posible duda nos presenta a unos androides que, aunque parecen menos humanos que en la película, demuestran tener emociones y sentimientos. Rachael le menciona en varias ocasiones que si quiere que le ayude a retirar a los androides que cuente con su ella, además del deseo que sienten varios de los androides que aparecen en la novela de vivir aun siendo máquinas, cuando ven que pueden ser retirados por Deckard. Por último, la línea definitiva que marca estos deseos de un futuro y de salir adelante que al parecer tan solo podían ser propios de los humanos los encontramos también en los androides, al escapar de Marte en busca de unas mejores condiciones de vida en nuestro planeta. Los androides sueñan, no sabemos si con ovejas eléctricas, pero al menos sueñan.

Incidiendo en otro de los temas muy presentes si hablamos de cómo está organizado el mundo y de la empatía, y que es descartado casi completamente por la adaptación audiovisual, es el tema de los animales. El nombre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? no es un nombre aleatorio, sino que, además de ser un título un tanto extraño, encierra diferentes concepciones y perspectivas de la obra. La palabra ovejas hace referencia a la mascota de Rick Deckard. En este mundo desolado, prácticamente todos los animales se han extinguido, por lo que resultan muy caros en el mercado. Tener animales supone una mejor concepción del individuo dentro de esta sociedad, en primer lugar porque tienes dinero para tener un buen tipo de animal, y en segundo lugar porque representan tener empatía por ellos. Según la obra, cuantos más animales tienes mayor empatía demuestras hacia los demás. La empatía es una muestra de falta de razón, de sentimientos, de humanidad, la empatía no sigue una lógica, sino un instinto.

Con estos precedentes, debemos mencionar que una de las frustraciones del protagonista es la de tener un animal eléctrico tras la muerte de su oveja, sustituida por una falsa. Por tanto, su temor es que los vecinos descubran que no es una oveja de verdad, sino una simple réplica. Este elemento animal le da un matiz más a la idea de la humanidad y la empatía dentro del libro, mucho más prominente que en las películas. En el libro de Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia mencionan alguna de las causas de esta introducción de animales para explicarlo:

"Lo humano, lo propio de los individuos, de los pueblos, no es la memoria del tiempo, sino, como señalan Marzal y Rubio en su espléndido análisis de la película, lo que el tiempo permite construir, a través de la experiencia vivida, las emociones, los sentimientos y concretamente entre ellos la compasión hacia los otros, a los que no son como él, a otras especies: por eso la necesidad del contacto con otros seres vivos, comenzando por los animales: nos hacemos más humanos cuando extendemos nuestra condición de humano, nuestros derechos, a quienes no lo son".

Rick Deckard sueña con tener una oveja de verdad, y es un punto interesante porque representa esta relación entre el ser humano y lo artificial, es decir, una oveja eléctrica le puede servir, pero lo que de verdad quiere es una orgánica.



La duda constante

Otra de las facetas por las que se ha halagado tanto a Blade Runner es por instalar una duda constante en el lector, que parte del protagonista y se extiende hasta nosotros mismos. Tanto en el libro como en la película, tratados de manera distinta, se plantea la posibilidad de que Deckard sea un androide. A partir de esta duda, y con lo mencionado anteriormente, el acercamiento entre lo real y lo artificial, establece una duda permanente en el lector. Si realmente somos humanos o no. Algunas leyes te hacen plantear tu moralidad, la publicidad te cuestiona por tu estética, en 1984 sobre el control que otros ejercen sobre ti... pero ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? va mucho más allá, te hace cuestionarte si eres humano, y qué es lo que te hace realmente serlo. ¿Porque te ha creado otro humano? ¿Porque tienes recuerdos? ¿Porque puedes razonar? ¿Porque tienes piel orgánica? Los androides también.

Podríamos intentar vislumbrar qué es lo que te hace humano o no durante cinco párrafos más, pero ¿No estaríamos desestimando al famoso método Voigt-Kampff? Este método mide tu reacción a determinadas situaciones a las que deberías reaccionar como una persona normal en un tiempo determinado. En el libro se mezclan algunas situaciones relacionadas con los animales, y el ser humano debe decidir qué haría en estas. Ahora bien, aquí debemos subrayar dos aspectos con los que Philip K. Dick juega para que no tengamos fiabilidad ni de la misma máquina.

En varias ocasiones durante el libro se pone en cuestión la fiabilidad de esta, incluso comparándolo con otros métodos del pasado o que existen. La propia Asociación Rosen le pide a Deckard que pruebe la máquina porque según ellos tampoco se fía al completo de su efectividad para distinguir a los androides que ellos mismos han creado. Además, otro factor a tener en cuenta es la propia esencia de la máquina Voigt-Kampff ¿No estamos necesitando de un instrumento creado artificialmente para detectar si otro está creado artificialmente? La poesía de todo el planteamiento de Dick me parece terriblemente irónica. Un humano que necesita de una máquina para que le diga si otra lo es.


Durante la lectura el segundo protagonista, John Isidore, que no conoce a ningún cazarecompensas, intenta hacer una descripción de ellos, de cómo se los imagina en la cabeza, y vemos que el autor sigue jugando con este símil o paralelismo entre la máquina y el humano:

"Y quizá Milt, que era muy inventivo, pudiera crear un arma que él fuera capaz de usar. Algo innovador, capaz de matar a cazarrecompensas...Fueran lo que fueran. Tenía una imagen vaga y apenas vislumbrada; la de alguien sin piedad que llevaba una lista y un arma, que se movía maquinalmente para hacer su trabajo de matar de forma sencilla y burocrática. Una cosa sin emociones, sin cara siquiera; una cosa que si moría era reemplaza de inmediato por otra similar". (274).

Uno de los aspectos más interesantes, y que solo me he comenzado a plantear tras leer el libro Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia es la importancia de los recuerdos, y como estos contribuyen a sembrar la duda en el lector sobre lo que somos y creemos. En Ovejas eléctricas nos explica que algunos androides pueden no saber que lo son, porque se instalan recuerdos en su memoria, recuerdos que no son reales pero lo parecen, y por tanto, construyen una vida cohesionada para sus creaciones. La posibilidad de crear imágenes que imiten nuestro pasado es uno de los conceptos más aterradores de la novela, ya que nuestro paso por el mundo está limitado (dejando fuera las posibles fotografías) a aquello que recordamos de él, a las breves imágenes que nos hacen sentir parte del mismo.

"¿seríamos menos humanos si todo eso que nos liga con lo que fuimos, que nos une a los que fueron antes que nosotros, fuera a su vez un artificio? (...) ¿Pero acaso la historia no es eso, un recuerdo inventado para creernos nuestra identidad?". (Blade runner: el derecho, guardián de la diferencia, 37)

Tratando este punto, podemos entrar en temas bastante interesantes, sobre todo relacionados con la sensación de pertenencia. Si pertenecemos a una familia, tenemos un pasado, unas emociones ligadas a ello, y por lo tanto formamos parte del gran colectivo denominado "personas, ciudadanos", entonces podemos tener la certeza de que somos "humanos". Es complicado hablar de esto, puesto que podemos entrar en temas de identificación con un territorio, con una nacionalidad. Si tenemos una historia con nuestra familia, pertenecemos a ella.

Tenemos una historia de siglos compartida, pertenecemos a una nación, ¿pero no son estos recuerdos, esta historia nacional compartida, unos recuerdos e historia insertados? A partir de libros y explicaciones, que ni siquiera hemos vivido, pero que nos dan la sensación de pertenencia? ¿De grupo? Sin duda es una afirmación de que perteneces a algo, a un territorio, y surge la identificación con otra persona por compartir lo mismo. Por tanto cuanto más cercano o más historia compartida, más cultura compartida, es más fácil tu identificación con esa persona, y quizás de ahí viene la disyuntiva con los androides, por ser estos diferentes, por representar al otro, a una amenaza que no entienden.

"Tanta historia con las diferencias entre los seres humanos auténticos y las creaciones humanoides. En ese ascensor del museo, se dijo, bajé con dos criaturas; una humana, la otra androide...y mis sentimientos fueron los opuestos a los adecuados". (260)

Es una frase de Deckard que resume casi toda la esencia y duda del libro, se supone que en el libro "los sentimientos opuestos a los adecuados" son comenzar a sentir empatía, interés romántico o amistad por los androides, cuando estos son simples máquinas. Concluyendo sobre "la duda constante" del libro, debemos decir que sí existe una necesidad por parte de los protagonistas del libro a demostrar que tienen empatía, a demostrar que son humanos. Nosotros, a día de hoy, damos por hecho que el otro con el que hablamos sabe de nuestra humanidad, pero en un mundo donde todo es tan cuestionado, sienten la necesidad de comprar animales para demostrar esta empatía, esta virtud de humanidad, en contraposición a lo artificial.


La importancia del tiempo y la atracción

Uno de los personajes que siembra la duda dentro del libro para el propio protagonista es Rachael Rosen, cuya relación se presenta menos romántica que en la película. También con Luba Luft, que en el libro es una famosa cantante de ópera, por la que siente admiración y más tarde algo de simpatía. Esto, sumado al desprecio que guarda con su mujer, por no tener aspiraciones ni ganas de vivir, mientras que los androides tienen sueños, nos da un indicativo del cambio a nivel interno que comienza a hacer Deckard en cuanto a sus sentimientos y a los androides. 

Pocas cosas quedan por decir del tiempo y su importancia en Blade Runner, aunque si nos remitimos a la manera de morir de los androides en Ovejas eléctricas, podemos seguir con la disyuntiva. En el libro, los replicantes mueren a los cuatro años porque no han podido alargar más su vida y los genes se deterioran. Esto nos da otro indicativo de la diferencia entre humanos y androides y la importancia del tiempo. Mientras, los humanos son orgánicos y están sometidos a la incertidumbre del tiempo, lo que nos provoca angustia, y la inexactitud de saber cuándo vamos a morir, las máquinas sí son conscientes de ello, tienen fecha de caducidad, como los productos que puedes comprar en un super, que no son humanos. 

La religión y el mercerismo

Con el último punto a tratar y que es inexistente en la película hablaremos del famoso mercerismo. El mercerismo es una religión que se practica en el mundo de Ovejas eléctricas y que es de los elementos más extraños dentro de este. Su Dios se denomina Mercer, y es una especie de profeta seguido por todos y admirado. Dentro del mundo virtual los humanos utilizan una máquina de la empatía que les conecta directamente con una experiencia de Mercer.

En esta, el profeta está subiendo por una montaña, y entonces le arrojan piedras, y aunque intenta esquivarla le duelen. La máquina de empatía hace que nuestro protagonista seguidor del mercerismo, Isidore, se conecte con todos aquellos que en ese momento están dentro, y se conjunten las emociones. Mediante la empatía el seguidor puede sentir lo que está sufriendo Mercer al caerle las rocas, y al mismo tiempo, sentir lo que sufren las demás personas, por lo que es una muestra más de esta necesidad de buscar la empatía de los seres humanos.



Se deben destacar algunos puntos sobre Ovejas eléctricas muy ligados a la misma religión. En la religión cristiana se da por hecho que nuestro creador es Dios, situando a Jesús como profeta, compartiendo esta especie de sufrimiento y figura mártir con Mercer y sus seguidores. En el libro no se menciona a Mercer como todopoderoso, vigilante, ni creador de la raza humana, y es precisamente porque Dick utiliza su antropocentrismo para articular toda la obra. Los seres humanos no solo no son creación de nadie, sino que se establecen como creadores.

Son creadores de otro tipo de ser, de otra forma de vida, como son los androides. Por tanto, aquí entra la cuestión de si asesinar —aunque en el libro se utiliza la palabra retirar— a los androides porque son creación nuestra, porque son simplemente una vida artificial creada por nosotros, que deberíamos poder retirar en cualquier momento. ¿Su creación por los humanos justifica su eliminación, aunque no se comporten de manera dañina para la sociedad? Al establecernos como creadores y como cazarrecompensas, nos estamos situando como jueces, como seres superiores, que deciden lo que debe existir y lo que no dentro del mundo. Quien debe vivir y quien no.

Si los androides tienen sueños, si los androides tienen esperanzas, si tienen miedos... ¿No les da el derecho a ser seres individuales, o por el contrario tenemos el derecho nosotros de acabar con ellos? Esta es la duda con la que juega Dick en su personaje de Rick. Deckard empieza persiguiendo androides, y el libro acaba con una búsqueda de sí mismo.

En conclusión, la lectura es interesante por todo lo comentado anteriormente, y por crear una duda en algo tan fundamental como es el ser humano. También es interesante sentir la amenaza a la propia humanidad. Hay diferencias en cuanto a las películas, tanto en tramas como en personajes, pero se mantiene la misma duda y esencia filosófica en las tres. Tras haber visto bastantes adaptaciones de libros a la gran pantalla diré que siempre ha sido difícil adaptar un libro y que resulte ser mejor que la película, ya que en la mayoría de casos me parece que en estos se han tratado mejor los temas o que la película es bastante decente.

En el caso de Blade Runner no ocurre esto, es decir, sí puedes acabar de formarte una idea sobre los inicios del mundo de Dick y abrir más paréntesis dentro de este, pero la película de Ridley Scott funciona como obra independiente, y consigue la misma profundidad en el tratamiento de los temas filosóficos que el libro, por lo que no es necesario haber leído uno para entender el otro. En general, considero que es un libro sencillo de leer, que puede gustar sobre todo a seguidores de la ciencia ficción o que se hayan interesado por Blade Runner. Seguramente a aquellos que vengan de las películas, como era mi caso, que ya había visto algunos análisis sobre estas, encontrarán pocos horizontes nuevos en la lectura, corta pero sin duda bastante interesante.

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Bibliografía utilizada:

Javier de Lucas Martín, Francisco, 2003, Blade Runner: el derecho, guardián de la diferencia, Valencia, Tirant Lo Blanch.

Blog de Momoko:
https://momoko.es/opiniones/suenan-los-androides-con-ovejas-electricas-analisis

Canal de Quetzal:
https://www.youtube.com/watch?v=v_ATQxu1nA4

El rincón de Sofista:
https://elrincondesofista.wordpress.com/2012/06/08/suenan-los-androides-con-ovejas-electricas/